Alimentos no saludables

Miércoles 10 de Noviembre de 2010 15:31
CUATRO SUSTANCIAS NOCIVAS PARA LA SALUD

Alimentos nocivos
Alimentos no saludables. Nutrición ortomolecular

Dra. Cala H. Cervera
Azúcares
Estos incluyen azúcar blanco y moreno, miel, siropes, sacarina, glucosa, maltosa y dextrosa. Éstos se encuentran en productos refinados e integrales de pastelería, galletas, algunos cereales y panes, refrescos, salsas y embutidos, entre otros. Para entender bien el efecto de estas sustancias en el organismo, es importante hacer un repaso de cómo funciona la regulación de la glucosa de la sangre: El organismo necesita glucosa (azúcar) para cumplir todas sus funciones. Ésta proviene de los carbohidratos complejos que consumimos durante el día. Por ejemplo, cuando nos despertamos por la mañana nuestro nivel de glucosa es bajo puesto que hemos estado sin comer, aproximadamente, 8 horas desde la cena. Al levantarnos y tomar un desayuno basado en carbohidratos completos, proteínas y grasas como, por ejemplo, leche o yoghurt de soja, copos de quinoa, semillas, frutos secos y una pieza de fruta...la fibra y combinación de nutrientes que se encuentran en estos alimentos, hacen que su digestión y metabolismo generen una producción constante de glucosa y, por lo tanto, de energía. Es normal que poco antes de la hora de comer sintamos sensación de hambre y un ligero "bajón" propio del desgaste de esta energía. Al ingerir una comida basada, por ejemplo, en una sopa de verduras, lentejas con arroz y una ensalada con semillas y frutos secos, volvemos a generar una producción de glucosa y energía constante y duradera que nos acompañará hasta la hora de la cena, donde este proceso se volverá a repetir. El resultado es una energía, mental y física, equilibrada durante el transcurso del día.
dra-cala-cerveraSi, por el contrario, para desayunar optamos por un café con azúcar, galletas y zumo de naranja, los niveles de glucosa de la sangre suben desproporcionadamente y de forma rápida. Esto es debido a que el azúcar presente en el desayuno pasa rápidamente a la sangre, aumentando exageradamente los niveles de esta sustancia en la sangre. Cuando esto ocurre, el páncreas produce insulina, la cual se encarga de bajar la glucosa. Sin embargo, la reacción es rápida causando un bajón y unos síntomas tan desagradables como agotamiento, irritabilidad, falta de concentración, somnolencia, malestar, mareo, y necesidad de comer algo dulce, tomar un café o fumar un cigarrillo. Si en ese momento volvemos a comer algo dulce, la glucosa volverá a subir desproporcionadamente produciendo otra descarga de insulina, y el ciclo volverá a producirse. Estos altibajos, a la larga, pueden causar un desequilibrio generalizado en todo el organismo.
Por si esto fuera poco, cuando los niveles de glucosa de la sangre están bajos, la producción de histamina aumenta. Ésta, en exceso, es una poderosa substancia producida por las células que puede causar inflamación crónica y síntomas tan variados como asma, artritis, migrañas, problemas intestinales, alergias, depresión y un largo etcétera. Por otro lado, el azúcar no nos aporta nutrientes, sino que, por el contrario, nos "desnutre" de sustancias tan importantes como la gama de las vitaminas B y de minerales como el calcio, magnesio y cromo, entre otros.

Grasas saturadas, hidrogenadas y aceites fritos de semillas
Éstas se encuentran en el queso, leche y carne roja, margarina, comida "prefabricada" y bollería, respectivamente. El cuerpo necesita un cierto tipo de grasas para sobrevivir y cumplir una serie de funciones vitales para el organismo. A estas grasas se les denomina "ácidos grasos esenciales". Se lesalimentos-no-saludables llama "esenciales" porque el cuerpo no las puede fabricar, sino que las adquiere a través de la dieta. Este tipo de grasa reduce el peligro de cáncer, enfermedades cardiovasculares, artritis, problemas de piel y hormonales, depresión, y alergias, entre otros. Estos ácidos se dividen en dos familias: Omega 3 y Omega 6. Y se encuentran en las semillas, frutos secos y pescado. La persona que no come estos alimentos regularmente, corre el riesgo de sufrir sus deficiencias. Las grasas o aceites poliinsaturados que se encuentran, por ejemplo, en el aceite de girasol, sésamo o lino, se presentan líquidos a temperatura ambiental y son extremadamente frágiles a la luz y calor. Cuando se les somete a altas temperaturas, como, por ejemplo, al freirlos, su estructura molecular cambia y pasan a convertirse en radicales libres o toxinas. Igual ocurre cuando se les añade hidrógeno para hacerlos sólidos (grasas hidrogenadas), como la margarina. En este estado molecular, el cuerpo no los reconoce como nutrientes y, por consiguiente, no puede hacer uso de ellos. Por otro lado, estas grasas tóxicas bloquean la habilidad del organismo para usar los aceites poliinsaturados saludables produciendo inflamación, entre muchos otros síntomas.
Los productos lácteos y la carne, por otro lado, son altos en un tipo de grasa denominada "ácido araquidónico". Ésta favorece la inflamación y, al igual que acabamos de ver, bloquea la capacidad del cuerpo de metabolizar adecuadamente los aceites poliinsaturados.
Es recomendable usar aceite de oliva para cocinar y en crudo, y aceites de semillas prensados en frío, exclusivamente, para su consumo en crudo. Por otro lado, se pueden usar semillas como sustitución a los aceites vegetales. Es importante guardar este tipo de aceites y las semillas en la nevera para evitar su deterioro. (Para más información sobre las grasas, ver capítulo "Fobias a las grasas".)

Productos lácteos

Éstos, a parte de no ser recomendables por lo anteriormente mencionado sobre su alto contenido en grasas saturadas y proinflamatorias, suelen producir una gran variedad de problemas para la salud. El problema más destacado y poco reconocido es que son alimentos muy dados a producir intolerancias, que en muchas personas pasan desapercibidas.
Cuando nacemos nuestro aparato digestivo no está formado, y, por este motivo, es importante que nos alimenten con leche materna. A través de la porosidad intestinal propia del recién nacido se absorben los nutrientes de este alimento. Cuando nos empiezan a salir los dientes, perdemos la enzima que digiere la leche, puesto que ya estamos preparados para comer más sólido. Es en este momento cuando se empiezan a introducir otros alimentos con mucho cuidado, ya que nuestro aparato digestivo todavía está inmaduro y muy permeable. Entre estos alimentos uno de los favoritos es la leche de vaca, y con ésta comienzan muchos de los problemas de salud que arrastramos durante toda la vida.
La leche de vaca contiene una estructura molecular demasiado grande para el bebé. La leche tiene la capacidad de permeabilizar el aparato digestivo del ternero para que los nutrientes de ésta se absorban debidamente. El mismo efecto ocurre cuando se alimenta con leche de vaca a un bebé. A través de esta permeabilidad se absorben las moléculas de la leche que son demasiado grandes para el organismo de un bebé. Esto pone el sistema inmunitario en estado de alerta, lo cual puede causar inflamación crónica, alergias y, con el tiempo, debilitar dicho sistema. Estas repercusiones suelen acompañar al individuo durante toda la vida, aunque sus manifestaciones varían. Por ejemplo, en un principio el bebé puede presentar cólicos, problemas de oído y catarros continuos; de niño, los síntomas suelen manifestarse como terrores nocturnos, asma o hiperactividad; en la adolescencia puede aparecer acné, depresión y dolores de cabeza; en la juventud, problemas intestinales y menstruales; en la madurez y vejez, artritis y osteoporosis. Todos estos desequilibrios de salud pueden ser debidos a un mismo problema: intolerancia a los productos lácteos.
Por si esto fuera poco, los productos lácteos producen mucha mucosidad en el organismo taponando el sistema linfático (el que nos ayuda a desintoxicarnos), bloqueando la absorción intestinal y congestionando el sistema respiratorio.
Recordemos que sólo un escaso porcentaje de la población mundial tolera los productos lácteos. Por ejemplo, la raza china no la consume, al igual que tampoco lo hacen los indios de Sudamérica, ni muchas poblaciones africanas, por mencionar algunos pocos.
Como sustitución a los productos lácteos son recomendables los productos de soja y la leche de arroz y avena. No hay que tener miedo a una posible carencia de calcio cuando se eliminan los productos lácteos de la dieta. La leche es alta en este mineral pero baja en magnesio, el cual es indispensable para ayudar en la absorción del calcio en los huesos. Entre los mejores alimentos altos en estos dos minerales, se encuentran los vegetales verde oscuro, apio, col, brócoli, nabos,soja, higos y ciruelas secas, harina de algarroba, olivas, algas (especialmente la Hijiki), frutos secos y semillas.

Trigo

Éste se encuentra en el pan, bollería y pasta, principalmente. Este cereal es un gran irritante del sistema digestivo, ya que es muy alto en gliadina, una proteína que forma parte del gluten. Su consumo, de vez en cuando, no presenta problemas. Sin embargo, en grandes cantidades o continuamente puede erosionar la vellosidad intestinal produciendo malabsorción, dolor, inflamación, diarrea y/o estreñimiento y un sinfín de síntomas intestinales y sistémicos. El trigo además, le "roba" importantes minerales al organismo, como son el magnesio y zinc, entre otros. Desafortunadamente, nuestros hábitos alimenticios tienen el trigo como base. Por ejemplo: para desayunar tomamos cereales (que normalmente contienen trigo); a media mañana, bocadillo; para comer un plato de pasta o cualquier otro plato acompañado de pan; para merendar bollería; y para cenar, otra vez pan. Esto, sin mencionar las pizzas, sopa de fideos, galletas, pasteles, rebozados etc. Este cereal se puede sustituir por pan de centeno (sin abusar de él, tampoco); harina de maíz, arroz o soja; copos de arroz, mijo o quinoa; pasta de trigo sarraceno o quinoa.
Ya sabemos ahora los alimentos base de una nutrición óptima, y los alimentos que debemos evitar. Las personas que coman en restaurantes o que no dispongan de alimentos como la quinoa, algas, tofu, etc, pueden alimentarse perfectamente bien esogiendo los alimentos que nuestra cocina mediterránea nos ofrece como son las legumbres, verduras, ensaladas, huevos, carne y pescado. Lo importante es evitar los alimentos no recomendados como los azúcares, lácteos, grasas saturadas o procesadas, y trigo.

(Extraído del libro "Nutrición ortomolecular: Revoluciona tu salud con la medicina del siglo XXI")
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