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Viticultura ecológica: Agricultura de la vid en su 3ª fase

Viticultura ecológica. Agricultura de la vid en su 3ª fase
Francisco Mallén
Técnico vitivinícola y analista sensorial

Se pierde en los registros históricos el punto exacto en el que se comienza a domesticar la vid, la trasformación de su fruto en un producto único y la preocupación por una elaboración cada vez más cualitativa. Posiblemente fuese la accidentalidad la que hiciera que tan original caldo se crease, o quizás cabría la posibilidad de expresar, se descubriera. Tal como sucediera lo considero poco relevante pero sí que lo es lo que a partir de ahí comienza a fraguarse.
La raza humana parece que establece con la vid una relación particularmente estrecha y que se produce una atracción de un magnetismo difícilmente explicable, mi ocupación no va a ser precisamente esa, y que cargado de una inercia operativa, el vínculo establecido parece que es, por el momento, irrompible.
viticultura-ecologicaEn esa relación entraría desde su principio un tercer elemento y que realmente es un condicionante y pilar importante en el trípode establecido: el cielo.
El factor humano, el suelo y el cielo definitivamente enlazan sus acciones y reacciones. La tierra acogerá a la planta, nutrirá y desarrollará. El cielo proveerá de luz y agua. La mano humana, guiará, conducirá y producirá.
Es como un pacto perpetuable que en ningún caso ha de ser quebrado; formas, modos y técnicas se habrán de ir incorporando a este trabajo, que en su apariencia parece individual, pero que en la práctica y en las prácticas es resultado de coordinación y armonización por la parte humana.
Así estuvo durante muchos años, siglos, etapas históricas tranquilas y compulsas e ires y devenires del curso de este planeta y su huésped dominante, la humanidad.
Llegamos a través de esa historia a nuestro momento presente, entiéndase por tal al marcado desde la revolución industrial y posteriormente la tecnológica hasta hoy, el presente real.
Situados y localizados en el ejercicio vitícola contemporáneo y dejando de un lado la evolución, lenta pero no inefectiva, en los trabajos que hasta ese punto crítico ya mencionado venía realizado, se podrían establecer tres períodos bien diferenciados que marcan las conductas y los resultados obtenidos, tanto a nivel nacional como internacional, de actuación en la agricultura de la vid

La Primera Fase de la viticultura ecológica se caracterizó, fundamentalmente, por un trabajo en el que el hombre tenía una conexión con el medio y una relación directa con las normas y los comportamientos dictados por la naturaleza, establecida ésta como directora y gestora cuasi absoluta.
El factor humano en la dirección, conducción y explotación del viñedo estaba condicionado por la actuación de los agentes naturales sin que el hombre tuviera grandes conocimientos, o al menos los referidos a los mecanismos más íntimos, de las leyes que rigen en el medio natural. Existía entre la raza humana y la Naturaleza un entendimiento y una comunicación que hacía que éste realizase las prácticas agrícolas de una forma respetuosa, pero en gran medidas, gobernadas por la intuición y el saber, acumulados de una forma ancestral

En la Segunda Fase. Se llega al conocimiento científico. Se descubren multitud de leyes por las que la naturaleza actúa. Se codifican, catalogan, ordenan y establecen unos principios de intervención según los cuales. El conocimiento científico en diversos campos y disciplinas se aplica de una forma no del todo apropiada en la explotación del viñedo. A pesar de tanto descubrimiento, el pensamiento científico se deja llevar y arrastrar por una ceguera producida por el aturdimiento y embriagamiento de las lluvias de datos, informaciones, estudios, conclusiones, etc. La práctica vitícola se ve inundada por la injerencia técnica y tecnológica, siendo éstas las verdaderas protagonistas del quehacer diario.
A priori y de forma rápida, podríamos pensar en lo absolutamente positivo de esto, pero en la relativización de las cosas y ahondando en un análisis más serio y objetivo, desligándonos de la vanagloria humana, llegamos a la conclusión de que ha habido un gran error: La Humanidad y la Naturaleza andan separadas, parece que caminan juntas y de forma paralela pero en la realidad más certera los rumbos divergen, dando una falsa imagen que es fomentada, a la misma vez, por una especie de catarsis comercial que ensombrece y oculta un trágico pulso.
Si seguimos por esa vía, los latidos de la tierra llegaremos a pararlos.
Es en este momento en el que debemos pararnos, observar que está ocurriendo, reflexionar de forma abstractiva, ver la situación por encima de nuestra actuación, manipulación e intervención y en la medida que honesta y sinceramente podamos, evaluar, cuantificar y cualificar, no solo los resultados, sino los agentes interventores en todo el proceso, estadíos en que se encontraban y que en la actualidad se hallan y hacer la comparativa de resultados totales y globales.

uvas-ecologicasJusto en este punto comienza la Tercera Fase
La relación entre la naturaleza y el hombre debe de volver a ser amistosa. Se han de tender de nuevo los puentes que siempre han existido y para ello contamos con el conocimiento de gran parte de los secretos que estaban guardados. La naturaleza, los humanos y la ciencia forman los pilares básicos sobre los que hay que construir y establecer una relación de concordia y de todo punto respetuosa.
Este postulado no se basa en ideas abstractas y románticas, en concepciones ilusorias e irreales, en bagatelas mentales y especulaciones cómodas realizadas desde nuestro sofá; la observación, el análisis templado y la búsqueda imparcial de un método son nuestros más productivos aliados.
Después de todo el viaje realizado y vistas las experiencias obtenidas y acumuladas hay que tomar nota.
Esta Fase será la decisiva para adoptar unos modos, mecanismos y laboreos más coherentes con los hallazgos que todas las personas que vivimos en el mundo de la Enología y su entorno perseguimos. Sabemos, de forma rotunda e incontestable, que se practican técnicas que son nocivas para el suelo, que es el soporte de nuestra planta y que esquilman lo recursos naturales que en él se encuentran. La actividad realizada durante años ha servido para desposeer al suelo de su propia capacidad de servicio. Primero fue el tratamiento de “plagas” y “enfermedades” con productos de una alta rentabilidad pero de un “coste” elevado, cómodo de trabajar y aparentemente muy positivo. Le siguió la fertilización de la tierra con preparados sistémicos que la castigaban, cansaban y agotaban. La actividad biológica realizada por todos los organismos que residían en el suelo desaparece y se produce un desequilibrio biológico-químico-físico.
Desplazados los agentes biológicos interventores, el suelo queda desprotegido y en un estado vulnerable y peligrosamente debilitado. Paradójicamente, se pierde la identidad del terruño, las denominaciones de orígenes, creadas precisamente para establecer un marco de diversidad y singularidad, se estandarizan: comienza la dolorosa clonación.
El pacto establecido entre las variedades, los suelos y los fenómenos ambientales (nuestro anterior cielo) deben de volver al terreno. De esa forma daremos al fruto todo su potencial, su salvajismo y caracterización, su particularidad e identidad propia, diferenciadora como cada lugar, cada tierra, cada rincón o esquina.

Viticultura ecológica
Son falsos, absolutamente, los fundamentos que algunos esgrimen en contra de estas prácticas. La falta de valentía, los intereses partidistas y sectarios, incluso la argumentación económica, están sustentadas en ideas, que extrañamente, no se saben de forma clara como ni cuando fueron concebidos y desarrollados. No es menos falso que no se pueda crear un entente entre la Naturaleza, Humanidad y la Ciencia, quizás no le convenga a alguien, pero es demostrable empíricamente, que esa alianza nos abocará a un mejor plano. La agricultura respetuosa, llamémosla o clasifiquémosla como la llamemos o clasifiquemos: sostenible, biológica, ecológica, orgánica, pérmica, biodinámica, etc., a mí, particularmente, me da lo mismo, es una agricultura productiva y entiéndase en este punto no a la productividad económica, sino a la vital, porque esa es la verdadera labor de la Naturaleza.
Estamos obligados a entendernos

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